martes, 7 de enero de 2014

Cómo obtuve mi primer Pokémon


Siempre he tenido miedo del mar. Pensar que un día podría estar dando un paseo en barco y  caer al mar quedando atrapada en sus aguas, estar en la playa nadando y que una corriente me alejara de la orilla hasta meterme en mar adentro y no poder ser rescatada.

Esta historia comienza días después de una tarde de playa; una tarde de playa con bandera amarilla; una bandera amarilla que indica que hay que tener precaución en el baño. 
Era de los primeros días que íbamos a la playa aquel año, por eso tal vez por eso y porque no queríamos desaprovechar la oportunidad, ya que nos habíamos desplazado varios kilómetros para poder ir a esa playa, para bañarnos en sus aguas.

Yo en un principio no quería, pues la mayoría de las olas me cubrían por completo y no era buena nadadora, aunque intentaba pasar buceando por las olas para que no me arrastraran demasiado. Mi madre me obligó, para que me fuera soltando en el agua.

Una gran ola me encontró desprevenida y rompió delante de mí, la fuerza que desprendió la ola al romperse me arrastró con toda su fuerza y me hundió. Recuperé la consciencia unos minutos después y supe que ese momento se podría haber evitado. 
Por lo que me contaron, una señora que presenció cómo rompía la ola y me arrastraba fue quien me rescató y me  llevó junto a mi hermano, que avisó a mis padres.

Esa experiencia semitraumática consiguió que ese verano, durante el mes de vacaciones que disfruté con mis padres, no regresara a la playa. Todavía eran los comienzos de aquel  verano y ya había descartado una de las actividades que ocupaba la mayor parte de mi tiempo.
Debía buscar otra manera de pasar el tiempo mientras que el resto de mi familia aprovechaba el buen tiempo en la playa.


Aquel verano decidí explorar y viví maravillosas aventuras entre las que  destacan: "Encontronazo con un toro", "Resultado: Óscar calvo", "De caza", "Desentierro de la serpiente" y por supuesto la que nos ocupa ahora. Esta es la más fantástica de todas y habrá escépticos que no la crean y consideren que está muy adornada, desde aquí digo que todo lo que he contado hasta ahora es totalmente cierto.






La historia continúa un día de calor soportable, mi familia fue en coche hasta Ribamontán al Mar, como siempre, para ir a una de sus playas favoritas: Loredo. 
Mientras tanto en pleno aburrimiento veraniego y sola, sin nadie con quién ir a la piscina o cualquier otro lugar, decidí hacer algo que cambió mi vida. 
En principio no era nada fuera de lo corriente, una niña de unos 8 años que decide explorar por su cuenta, y eso hice.

Comencé a andar, primero por los alrededores de casa de mi abuela y sus prados, sin salirme de nuestros terrenos. Esa parte la tenía demasiado vista; tras andar casi una hora y cruzar varias alambradas que separaban diversos prados llegué a un pequeño riachuelo. Era perfecto, pues parecía emanar agua limpia y al salir de una roca probablemente venía de manantial lo que hacía que fuera potable. Me entretuve en beber un rato y descansar, tenía la idea de haber estado en ese bucólico lugar, puede que en sueños pero desde luego no había sido en una de las excursiones con mis primos.

Ya estaba pensando en marcharme cuando, de una pequeña poza situada justo debajo de aquel grifo natural, emergió un huevo del tamaño de mi cabeza. No había nadie en unos dos kilómetros a la redonda y dudo mucho que las vacas, ovejas, cabras y demás fauna de los prados cántabros hubiera puesto semejante huevo. No parecía ser de nadie. Hice lo que me pareció más oportuno y fue coger el huevo para un posterior estudio. ¿A quién o a qué podría pertenecer semejante huevo? Enorme para ser de una gallina, alejado de cualquier zona habitada por avestruces para ser de ellas, además tenía unas extrañas pintas por todo el cascarón...

Regresando a casa con el huevo, observé que según andaba y me acercaba más a casa el interior del huevo se movía con mayor intensidad hasta que se me cayó al suelo. Lo recogí rápidamente y seguí  mi camino hasta llegar a la mesa de piedra del jardín donde deposité el huevo. 
El huevo empezó a moverse, a fragmentarse poco a poco hasta que se abrió y apareció una especie de renacuajo algo más grande de los normal, azul y con una espiral  en su barriga, debajo de su boca roja y aún más de unos grandes y curiosos ojos.