Siempre había
pensado que el mundo estaba hecho para mí. Todo, gracias a una fuerza
superior se había ordenado para dar lugar a esa vida perfecta. Una vida que
había sido creada para que esa persona que la viviese, fuese la más dichosa
de todas cuantas ha habido. Es fantástico que todo el Universo conspire
para que nazcas.
De repente te das cuenta de
tu infinita felicidad mientras viajas en el tren de vuelta a casa tras un largo
día en la Universidad. Aprecias
algo que siempre ha estado ahí pero que había pasado inadvertido. Ese algo es tu manera de
apreciar las cosas como lo hacías antes, antes de perder la
esperanza en el mundo y madurar y darte de hostias con el mundo y que se
quebrara toda esa perfección que te acompañaba
o estado natural que poseías. Puedes observar el cielo con
admiración, tiene unos colores vivos que parecen típicos
de una fotografía saturada. Admiras ese precioso naranja que baña
los cielos de Madrid y aunque se deba a la contaminación te da igual porque es
un espectáculo muy bello. La música que suena en tu iPod, aunque
sea la de siempre tiene vida y puedes apreciar bien la música y las
letras. Estás maravillado porque lo tenías y no habías
sabido apreciarlo ¿y por qué ahora?
El mundo es hermoso, es fácil
darte cuenta de ello, lo difícil es zafarte de las distracciones
que te impiden verlo y admirarlo. Quizá cuando aprendas a mirar de verdad
sea tarde.
En muchos momentos de mi
vida la he admirado de veras, sabiendo que estaba hecho para mí y
nadie podría impedir que consiguiera mi fin: mi perfeccionamiento como
persona. Por desgracia no siempre ha sido así.
Empezaré por
presentarme, pero a medias, no me parece adecuado revelar demasiado acerca de
mi identidad. Yo quiero que conozcas mi historia, no me que conozcas a mí,
aunque es muy posible que acabes conociéndome a partir de ésta.
Lo que considero que necesitas saber es
que soy una persona, un ser humano o que por lo menos lo parezco, aunque crea
que soy algo más, no un simple ser. Mi vida ha sido bastante fácil
gracias a unos padres que trabajan por
lo que no tenemos una mala posición social. Por supuesto vivo en Madrid, una ciudad que
enamora y de la que yo me prendé. Aquí es donde
prioritariamente sucede mi historia. Es magnífica, la
protagonizo yo.
Empecemos por mi extensa
etapa de inocencia. Todos tenemos una etapa así, eres
feliz en tu ignorancia. Eres idiota. Vives en un mundo sujeto por algodones que
han colocado tus padres y otros seres que aprecian tu existencia. También
es posible que hayas nacido desdichado y nadie te quiera, en ese caso lo
siento. Lamento que tus ojos se abrieran antes de tiempo y tu vida no fuera tan
genial como la de otros. Es azar o compensación por otra
vida o por el futuro ¿Quién sabe? De ese periodo de tiempo no tengo mucho que destacar,
salvo quizá que el trato que tenían los adultos conmigo de una
atención casi constante y rodearme de caprichos los cuales han
podido condicionarme. Pero es normal que unos padres que llevan años
intentando concebir un bebé y que después mucho
tiempo lo consigan mimen excesivamente a su criaturita. Aún más si añadimos
problemas surgidos en el parto, ciertas
complicaciones en el que se ha temido por la vida de todos. Padre, madre
y bebé. Sí, el padre también ha tenido riesgos y casi un infarto
por los problemas que se fueron originando. Después de
superar las adversidades y siendo una familia católica y
practicante como Dios manda solo queda darle las gracias a Él.
Desde muy joven te hacen
creer que estás con vida porque Dios así lo ha querido
y tú te lo crees porque todo aquello que dicen tus fantásticos
padres es cierto. Es estupendo vivir en una pompa protegido te todo mal que hay
en el mundo, pero también es terriblemente aburrido.
Vienes de una familia de
bien, no hay conflictos internos- que tú sepas- la vida es maravillosa y
existe para que tú tengas un gran papel en ella ¿qué
menos que agradecérselo sacando buenas notas sin apenas esfuerzo gracias a ese
cerebro que el mismo Dios te ha dado a ti? ¡Qué
bueno es Dios por haberme facilitado esta vida!
Según vas
creciendo, haciéndote mayor y siendo más consciente del mundo, te vas
dando cuenta de que tus padres te han
mentido. No existe un tal Ratoncito Pérez,
ni unos Reyes Magos u Olentzero. Unos desconocidos no te entregan regalos o dinero
porque hayas perdido un diente o sea una fecha señalada del
calendario.
No todo es tan cómodo
como en un principio creías. Antes sacabas muy buenas notas
porque todo era muy sencillo y tu cerebro una esponja que absorbía
todo. Ahora cuesta un poco más y hay que asentar conocimiento de
otra manera. Aun así, sigues estando a la cabeza de la clase y asumiendo que esas
mentiras piadosas de tus padres son por tu bien, para que sigas con la niñez
más tiempo o lo que es lo mismo con ceguera del mundo real,
pero tú sigues en tu mundo confortable y aburrido.
Un día te
despiertas y eres adolescente, esa etapa de tu vida de la que todo el mundo
lleva tiempo hablando, en la cual se van a producir tantos cambios en tu
cuerpo. Yo lo veía como algo terrible y lo fue.
Realmente no estuvo tan mal.
No fue tan aburrida como otras y a mí me encanta experimentar, saber,
conocer… y la adolescencia es una gran etapa para ello. Por primera
ver empiezas a pensar por ti mismo, te haces preguntas que antes serían
irreplanteables. Dudas. Algo dentro de ti sabe que se acabó aquello de
contar absolutamente todo a tus padres, ahora estás en camino
de convertirte en un adulto y de iniciar una fase irrepetible en la cual tienes
que aprender a sacarte las castañas del fuego porque papi y mami no
van a estar siempre para solucionar tu vida, o no deberían.
Recuerdo que el fuego me apasionaba, encender cerillas o mecheros para prender
velas -¿Quién no ha observado alguna vez cómo la vela
fundida se deslizaba hacia la base de esta misma? - o quemar un papel, se convirtió
casi en una adicción. Esperaba con ansia el momento de quedarme sola en casa
para hacerlo a lo grande. En el momento
que se cerraba la puerta ya tenía una pila de papeles que ya no
necesitaba como páginas arrancadas de cuaderno, folios con defecto de impresión o
algún examen con una nota mediocre que prefería
olvidar. Cogía la
preciada materia prima y el instrumento, un mechero; acudía al lugar
ideal para proceder y donde posteriormente eliminaba las pruebas de mi crimen
perfecto: el baño. Los primeros días mi ambición llegaba a
quemar unas cuatro hojas en el lavabo, pero con el tiempo necesitaba más y
más hasta que llené la bañera y empecé a
arrojar una hoja ardiendo y luego otra y otra más…
una vez toda la bañera estuviera en llamas mi ilusión sería
suprema. Lo malo es no contar con pequeños imprevistos que fastidien tu
obra, me refiero que a que el fuego crezca más de la
cuenta y empiece a invadir la estantería del baño y alguna
esponja sea mártir en tu experimento. Tampoco está mal ver
arder el plástico de una esponja tras llevar meses centrado en papel
principalmente. Se aprende de los errores se toma precaución para las
próximas veces, que las habrá. Muchos
adolescentes se masturban y exploran su cuerpo, cuando se quedan solos en casa,
yo quedo cosas, llámame ser extraño que puebla este mundo. A día
de hoy quemar cosas me sigue encantando,
algo que se combina con una de mis aficiones veraniegas que es hacer una
barbacoa y sí, me encanta encender a mí el fuego.
Si alguien llega a creer que
no me masturbaba porque fuera de índole religiosa que sepa que está en
un grave error, en mi adolescencia yo era una persona completamente atea y
declarada. Ya he dicho que es una gran etapa para dudar e investigar ¿Por
qué no dudar de Dios? Ya me habían mentido
antes, esto podría ser también una de las grandes mentiras de la
humanidad. Y leyendo y buscando en Internet y por llevar la contraria al
profesor de Religión de turno y por querer tener algún primer
pensamiento propio y por seguir abusando de esta conjunción y crear
un polisíndeton. En resumen que soy rebelde y eso no quita que la
masturbación humana empieza en la infancia y todos lo sabemos lo hemos
experimentado porque tú sabes que en ciertas zonas el roce te da gustito y te gusta
el contacto en esa parte ¿o
no? Es algo natural y lanzo una nota a quien lea esto: No traumatices a
tus hijos con una idea errónea de lo que supone la masturbación o
estarás colaborando en la creación de un ejército
de mojigatos y reprimidos que vivirán esclavos de sus frustraciones.
A pesar de la mucha
confianza que tengo en mí también tengo
miedos, uno de ellos, el mayor de todos me hizo en un momento de desesperación
rezar a Dios para poder salvarme de tal mal. Otros, algo más
racionales o no aunque un poco vergonzosos prefiero contarlos a modo de
historieta y aquí tienes uno de ellos, lector de mi discurso escrito.
La historia la llamo “Cómo
obtuve mi primer Pokémon” y cuenta lo siguiente:
Pincha aquí para conocer la historia
Pincha aquí para conocer la historia
La historia está
inacabada pero debería quedar claro que a partir de ese descubrimiento se empiezan
a producir cambios que hacen que supere mi temor. Me considero una persona
cobarde y tengo muchos temores, mi experiencia personal me ha hecho ser así. Otra
cosa que temo son mis sueños, no puedo controlarlos y cuanto
más mayor he sido, peor se me ha dado el tema. Te voy a pedir
que visualices y conviertas en imagen este texto que te voy a presentar:
¿Me has hecho caso? Gracias. Espero
que no hayas pasado un muy mal trago, creo que me empiezas a caer bien y no te
conozco, pero agradezco que continúes leyendo. Todos tenemos enemigos,
o por lo menos los hemos tenido o alguien que se haya enfrentado a nosotros en
algún momento determinado. ¿Cómo surgen
los enemigos? Bueno, cada uno tiene sus métodos. Mi siguiente historia no es
el origen, puesto que si no lo hubieran sido no habría sucedido,
sino el detonante de mi caos. Y los protagonistas de mi sueño
anterior y también la razón por la que acabé en
el lugar odiado, aunque eso ahora no nos ocupa. Dicha historia se titula: “Relato
que me metió en líos”, porque justamente fue lo que hizo.
Esta historia, con
personales reales despersonificados algunos y convirtiéndoles en
seres míticos, esconde una historia real. Una historia que desencadenó mi
caos, pero que acabó con mi aburrimiento. Acabamos de llegar a mi plena
adolescencia o casi el final de ella.
¡Qué divertido
es experimentar! Y aún más si es con drogas o sexo, dirán algunos o
con los dos a la vez, dirán otros. Cuando tienes un vicio es
difícil frenar, a veces. Creo que mi maravillosa vida no hubiera
llegado a su culmen si no hubiera entrado en contacto con ambas disciplinas.
Las drogas están
bien, si sabes cuándo has de parar. Son unos evasores de la realidad estupendos
y en ocasiones es muy necesario salir del mundo real, pero como no sepas
controlarlo te consumen a ti y no tú a ellas. He despertado muchas mañana
sin saber cómo he llegado a ese sitio o en qué
circunstancias, bajo sus efectos creía que era feliz, al despertar sabía que no.
Es preferible el sexo, dejarte
llevar y no poder evitar hacerlo. Innovar una y otra vez en diferentes posturas
con diferentes personas, una cada vez o varías; de tu
mismo o distinto sexo. Probarlo todo y disfrutar porque para eso está.
Que sirva para procrear es una función secundaria que existe para que no
se extinga la especie. Es magnífica la sensación
de sentir placer, un placer que te proporciona otra persona y que tú
también se lo proporcionas a ella, algo que concluye con un apoteósico
final que es el orgasmo. El sexo hay que probarlo con amor, sin amor; con
ganas, sin ganas – quizá siempre haya ganas, aunque sea un poquito- siendo dominado,
siendo sumiso, BDSM y todas las parafilias que puedas imaginar. Existe es muy
sano y está para disfrutar.
Quizá mi
decadencia comenzó el día que me dejé llevar por mis pasiones, y sin
control alguno sobre mí dejé desatados todos mis vicio, perdí casi la
razón, ese declive me llevó a cometer el acto más
increíble de mi vida, quizá no estuviera bajo los efectos de
ninguna sustancia, quizá sí. Lo único que realmente sé es que fue real y me cambió
para siempre. ¿Quieres saber qué fue? ¿No lo
temes? ¿Me crees capaz de cualquier cosa? Bueno, pues que sepas que he
faltado a nueve de los diez mandamientos, al único que no
he faltado es el séptimo ¿Te interesa mi historia con el
quinto? No te estoy hablando de ningún animal que se cruzara por mi
camino mientras conducía la moto o la bici, ni de algún insecto
que perturbara mi paz, hablo de una vida humana. Irónico me
parece que acabar con una vida te haga sentir a ti más vivo,
pero así es. Sientes que tienes tanto poder mientras acabas con su
vida, puedes hacerlo lentamente y que sufra o rápido y
acabar angustia. Si realmente existe un Dios, algo que dudo con mi agnosticismo
actual, se debe sentir de una manera similar a como en ese momento me sentí
yo, decidiendo si dejaría que viviera o no. Yo tenía un
cuchillo en mi mano, siempre me han fascinado las armas blancas, son unas
herramientas perfectas y han ayudado al hombre durante toda la historia, el
caso es que rasgar su piel y penetrar el filo en su carne mientras la sangre
empezaba a brotar por el corte es la sensación más
inaudita que pueda existir, digo desde mi experiencia. No volví a
repetir de esa manera, pero si una experiencia personal y con mis propias
manos, en un cuello ajeno. Al principio las venas están muy
hinchadas y sientes cercana su respiración, tras un apogeo crees perder el
control y que la víctima vencerá, aunque realmente se ha rendido,
en unos segundos se desplomará. Tú has ganado
¿Sí? ¿Soportarás esa carga en tu conciencia?
Te has dado cuenta de lo que
has hecho, no ha estado demasiado bien, han sido unos años muy caóticos
y antes apreciabas la belleza del mundo, algo que parece que has olvidado para
concentrarte en el placer propio. Sabes lo egoísta que es
aprovechar los recursos de este grandioso mundo en el que vives sin dar nada a
cambio. Aún puedes hacer algo bien, cambia. Lo intentas, no lo
consigues, mas no te rindes. Algún día te darás
cuenta de que siempre haciendo las cosas bien los problemas a veces sólo
se multiplican, tienes que dejarlo fluir y no forzarlo.
Pasa el tiempo, las cosas no mejoran y realizas un breve escrito:
Pasa el tiempo, las cosas no mejoran y realizas un breve escrito:
"Hoy he pensado en colgarme. Lo hubiera hecho, aunque muy a mi
pesar había demasiados peros que me lo impedían.
Ya tenía pensando lo que me iba a pasar
por el cuello, el cinturón de mi albornoz; el lugar elegido
para colgarlo era el marco de la mampara de la bañera,
pero era poca altura, no sabía si soportaría
mi peso.
Además, estaba a punto de meterme en la
bañera, ya estaba en bolas y no me
atrae nada la idea de que la desnudez me acompañe en
nacimiento y muerte."
Necesitas ser feliz, olvidar
el pasado y apreciar mi vida, pero no sabes qué hacer
necesitas acabar con esto, algo harás, no te puedes quedar con los
brazos cruzados, quizá haya otra manera… Dicen que en esta vida todo tiene
solución menos la muerto pero… ¿y si la
muerte fuera una solución?