martes, 23 de enero de 2018

Hoy vengo a hablar de la motivación y la moralidad

Hoy vengo a hablar de la motivación y la moralidad. De las experiencias vividas marcadas a fuego que nunca se han ido y siempre vuelven cuando menos lo necesitas.Inevitable hablar de la educación puesto que es el elemento conector.

El primer contacto con este mundo lleno de caminos de rosas con espinas que quiero resaltar fue a los seis años. Supongo que esa profesora dormiría bien por las noches y lo seguirá haciendo, pero yo no lo hacía. Por las noches no tanto, porque siempre tenía mis cuentos de antes de dormir y peluches que disipaban todas las penas, las mañanas eran otro cantar. Recuerdo que me entraba a las 9.00 a clase y mi madre me despertaba a las 8.00 para tener tiempo de prepararme para ir a clase. Yo ya estaba despierta o me había dormido una media hora escasa antes, agotada de tanto llorar. No siempre mis llantos despertaban a mis padres, ni mis gritos desesperados que les preguntaban que por qué me habían metido a ese colegio, que yo no quería ir a ese colegio con esa "seño". Supongo que ella dormiría bien y satisfecha creyendo que hacía una gran labor al mundo dando clase a 28 críajos de primaria.
 De verdad que odiaba a esa profesora y la sigo odiando hoy en día. Ahora tengo una opinión más madura, pero si nos volvemos a cruzar esperando al metro y tengo el día cruzado acabará en la vía cuando se aproxime el subterráneo, porque además la señora vive en una calle perpendicular a la mía.
¿Que qué mal me pudo causar esa señora que se aproximaba a los sesenta y enseñaba a los más peques? Las miradas de superioridad que siempre le noté hacia mi madre. Las limitaciones que imponía en los juegos (esto es difícil de explicar).Los castigos injustos, como aquella vez que decidió castigar a todos aquellos que tenían el baby en el suelo. ¡Maldito el momento en el que se me ocurrió decir que yo no había tirado el mío al suelo y que lo podría haber tirado alguien (adrede o no)! Que me castigó el doble que a todos por protestar. Me hervía la sangre. No sabía todo lo que me quedaba por tragar con esa señora. Si no fuera suficiente, el curso siguiente volvió a ser mi profesora y ya entramos en los intentos de dejar en evidencia delante de toda la clase. No sé, quizá por eso lo de hablar en público a día de hoy lo llevo jodido.Y los favoritismos más que evidentes, pero de ese tema hablaré después.
Han pasado casi veinte años, pero son recuerdos dolorosos que permanecerán conmigo. Bueno, "gracias", señora por hacer durante dos cursos que me costara muchísimo ir a clase y llorara de vez en cuando (con el paso del tiempo esto fue desapareciendo) antes de dormir porque no quería sufrirla más.

Desde los dos primeros años en ese colegio hasta el último año. Los años intermedios cuanto más cuanto menos, pero ese colegio me gustaba. Había profesores muy buenos y otros que creían y creen que lo son. 

La ética y la moral. Estábamos en cuarto, curso en el que se da o daba ética y ¡oh, profesor nuevo! Que resultó ser un joven que se iba a meter a sacerdote, pero se arrepintió; un señorito que se metió al ejército, pero se arrepintió. Los jueves de 13.15 a 14.15 eran terribles. Éramos el peor curso de todos y os aseguro que hubo un día al menos en que fue cierto. 

Ya habíamos tratado temas como el aborto y se había montado una de padre y muy señor mío, pero que jueves tras jueves hubiera jaleo en el aula, quejas de las aulas de alrededor,  broncas los viernes por el comportamiento y aviso a los padres del comportamiento conjunto e individual habían diezmado las ganas de bronca de la clase. A esas alturas del curso ya me había expulsado o estaban a punto, por lo que ni sentía ni padecía. Cierto día, el individuo, porque con él dimos la noción de individuo en los primeros temas tuvo que soltar que las personas homosexuales tenían una disfunción y blablablá. No sé si algún día se arrepintió o arrepentirá por decir aquello, como antes se ha arrepentido de muchas otras. Comentar algo así en ese colegio concertado, pero "progre" no era lo más acertado. Creo que nunca he visto más unión en una clase, ya fuera porque les había escandalizado lo dicho por el profesor o simplemente porque vieron la oportunidad, ocurrió algo muy gordo, pero con la Iglesia hemos topado y había algún profesor que al parecer compartía ese ideal. La mayoría no y fue un tema muy sonado, muchos profesores de verdad se interesaron por lo sucedido y nos dieron su apoyo. 
Lo de este señor no acaba aquí. No me siento muy orgullosa, pero sé que subirme la falda del uniforme y desabrocharme otro botón del polo influyó directamente en mi nota cuando fui a reclamar el examen. Fue sugerencia de una compañera de clase y nunca he vuelto a hacer nada así y si hubiera sido yo no lo hubiera hecho, a finales de cuarto no era yo, estaba demasiado quemada y con demasiada incertidumbre. Al final ninguna de las chicas suspendimos, no sé cosas.

Este pequeño recorrido por grandes momentos que me han incitado a la misantropía finalizan (de momento) en bachillerato. 
Podría haber hablado largo y tendido de esos profesores que ven una causa perdida y se aferran a ella como a un clavo ardiendo, ignorando al resto de la clase o esos que creen exigir un poco más al alumno que destaca, pero lo único que hacer es crearle un problema de presión por dar la talla. Por favor, dejen de leer autoayuda, meterse en la vida de los demás y den clase.

Quizá porque no sabía bien dónde me metía, que estaba a cuatrocientos kilómetros de casa y me podría sentir más desvalida, que era más consciente del mundo, pero el internado, lo que fue el internado.
Esas monjas, casadas con Dios que qué mal podrían hacer, bueno, los comentarios estilo "si estás aquí por algo será" prejuzgándote, sin saber que estas allí porque quieres o porque huyes de algo peor, esos para empezar.  Esa que era "madre" (porque ese era su como se llame porque ya me da igual) que entraba a dar clase de Filosofía en primero, con la cabeza bien alta exaltando moralidad y creyéndose conocedora y creadora de todo el pensamiento humano. Persona que de Filosofía sabía lo que ponía en el libro que teníamos y del que no te podías desviar una línea en el examen -o, espera, espera que nos hacía salir a la pizarra a decir la lección- pero ella para hacernos notar que estaba a favor de la pena de muerte y decir barbaridades varías sí se saltaba a la torera. Otro que tal baila era el Padre, creo que fue en el primer profesor -por llamarlo de alguna manera- que noté que corregía por apellido. Quien dice corregir por apellido dice corregir según te caiga el alumno, por quiénes sean sus padres, por el tiempo que lleve en el colegio... Era más evidente en cuanto al profesorado religioso, pero los otros profesores no se quedaban cortos no. Tantos exámenes hechos y sin verlos después, pero qué puta vergüenza. Se creerán salvados y con su sitio junto a Dios asegurado.